Entradas

Cuando los dientes se mueven puede ser que se padezca la enfermedad periodontal o enfermedad de las encías, también conocida como periodontitis, pues uno de los síntomas de esta patología es que los dientes se aflojan sin causa aparente.

En realidad, la periodontitis es una enfermedad grave que no debe tomarse a la ligera, pues al no ser tratada a tiempo puede dañar el tejido de las encías y destruir por completo el hueso que sostiene los dientes.

No hay que olvidar que si se destruye el hueso que sostiene al diente, lo perderemos y habrá que colocar un implante dental.

¿Podemos evitar que se nos muevan los dientes?

La buena noticia es que la periodontitis es una enfermedad que se puede evitar fácilmente, con un correcto y periódico aseo bucal.

El hecho de lavarse los dientes de 2 a 3 veces por día, usar hilo dental y asistir mínimo dos veces al año al dentista, puede asegurarte mantener unos dientes y boca sana en general.

Síntomas de la enfermedad periodontal

Entre los síntomas más comunes de la periodontitis destacan:

1. Encías con infección evidente, hinchadas e inflamadas.
2. Encías sangrantes.
3. Encías color morado, rojo oscuro o brillante.
4. Encías retraídas que hacen ver los dientes más largos.
5. Mal aliento.
6. Dolor al masticar.
7. Sensibilidad en las encías.
8. Acumulación de pus entre los dientes y las encías.
9. Dientes flojos y pérdida dental con facilidad.

Si observas cualquiera de los síntomas anteriores, te aconsejamos que acudas de inmediato a tu dentista de confianza, para tratar la patología a tiempo y evitar la pérdida de dientes y tejido óseo.

Causas de la enfermedad de las encías

Algunas de las causas de la periodontitis son las siguientes:

1. Placa bacteriana entre los dientes: Es causada por los azúcares que se acumulan cuando no se realiza un aseo dental diario y periodico.
2. Placa bacteriana que se endurece y forma el conocido sarro: Es la placa más difícil de eliminar, por eso se hace necesario realizar una limpieza dental mínimo una vez al año, pues entre más tiempo pase el sarro en los dientes, más daño puede causar en las estructuras dentales.

La opción de los implantes dentales nos permite tener una sonrisa natural y olvidarnos del incómodo proceso de ponernos y sacarnos la dentadura postiza para proceder a limpiar la prótesis. No obstante, si bien la promesa de que no perderemos masa ósea es una realidad, esta se desdibuja si permitimos que se nos genere una enfermedad periimplantaria.

¿Qué es una enfermedad periimplantaria?

La enfermedad periimplantaria es aquella derivada exclusivamente de la presencia de implantes dentales. Existe una sola enfermedad de esta índole, pero esta consta de dos etapas: mucositis y periimplantitis.

  • Mucositis: es también conocida como la gingivitis de los implantes dentales y consiste en la inflamación de la encía que rodea a los implantes.
  • Periimplantitis: es el estado avanzado de una mucositis no tratada a tiempo. Su consecuencia es devastadora, ya que deriva en la pérdida ósea alrededor del implante, lo que genera su inminente pérdida.

¿Por qué se genera la enfermedad periimplantaria?

La causa base de su aparición es la formación del biofilm subgingival. Existen diversas causas para su proliferación, entre las cuales hallamos a la genética, nuestra propia flora bacteriana bucal y al estado bucal previo al implante.

Si bien no siempre es evitable la aparición de dicha enfermedad, sí podemos permanecer alerta para detener su avance. Los síntomas que no tienen que dejarse pasar sin consultar al odontólogo son:

  • Sangrado de encías
  • Dolor en la zona del implante
  • Movilidad del implante
  • Abscesos
  • Retracción de encía
  • Pus

Detectada a tiempo, la enfermedad periimplantaria puede ser abordada y neutralizada.

Prácticas para evitar enfermedades y asegurar la vida útil de tus implantes

  • Higiene rigurosa

Las prácticas, si bien son varias, giran en torno a la higiene, ya que eso es lo único que está en nuestras manos para evitar la proliferación de bacterias que generan la mucositis. Debemos cepillarnos después de cada comida, utilizar la seda o el cepillo interproximal para remover las bacterias entre las piezas dentales, hacernos enjuagues con un producto específico que nuestro odontólogo nos recomiende y renovar nuestro cepillo cada tres meses.